miércoles, 4 de agosto de 2021

¿Hemos retrocedido? Acerca de los hechos del 03-08-2021 en el Campín

Quiero confesar que me siento muy triste y vengo a desahogarme. Ya sé que la violencia siempre ha estado presente en el fútbol colombiano, pero siento que ayer, 2 de agosto de 2021, en el partido Santa Fe vs. Nacional, retrocedimos muchos años. Varios heridos, un hombre que estuvo a punto de ser asesinado, los hinchas del equipo visitante  invadiendo la tribuna familiar para atacar a golpes a todo el mundo, sin importarles que hubiera ancianos y niños, madres pasando a sus hijos por los separadores para intentar ponerlos a salvo, los de la barra local invadiendo la cancha para enfrentar a los visitantes y defender a los de la tribuna familiar…

Siento como si hubiéramos vuelto a esa época oscura de finales de los 90. En unos minutos se borraron pasos enormes que se habían dado frente a esa problemática. ¿Recuerdan la época en que la gente tenía miedo de llevar niños al estadio? ¿Recuerdan cuando había rejas que separaban las tribunas de la cancha? ¿Recuerdan cuando todas esas cosas empezaron a cambiar, que quitaron esas rejas, que empezaron a hacer campañas para que las familias volvieran al estadio? Yo recuerdo la alegría que sentí la primera vez que pude ver un partido sin esas horribles rejas, se sentía como estar en un nuevo mundo. Y recuerdo cuando empezaron a llegar más y más familias que se atrevieron a compartir una tarde de fútbol. 

Me duele mucho que todo esto esté ocurriendo. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Será posible que algunas de las medidas que se habían retirado vuelvan a implementarse? 

Me da rabia que mucha gente reduzca todo a una asociación supuestamente lineal e inquebrantable entre fútbol y violencia. El fútbol no es violencia. Los humanos somos los violentos y le metemos violencia a absolutamente todos los aspectos de nuestra vida, sobre todo cuando se trata de defender un gusto, una opinión o un ideal. 

El fútbol es un deporte que a muchos nos mueve fibras más allá de una simple diversión. Para muchos el amor por un equipo no es una cuestión de simple gusto. Muchos tenemos historias detrás de esa afición, que nos aferran a un equipo y nos hacen amar ese deporte. Historias de familia, de tradición, de buenos momentos, de recuerdos de infancia y de emocionantes momentos a lo largo de nuestra vida. 

Espero que todo esto quede tan solo como un horrible recuerdo y que lo que venga ahora no sea un retroceso, sino una motivación para continuar el camino que se venía recorriendo. Espero que los heridos de ayer puedan recuperarse pronto. Espero que esos niños que presenciaron ayer esa noche de horror pronto puedan recuperarse psicológicamente. Y espero que el fútbol en Colombia no vuelva a tener una noche así.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Anécdota de niñez y adultez


Quiero compartir con ustedes algo que me ocurrió hoy.

Estaba almorzando y en la mesa de enfrente había una señora almorzando con su hijito. El niño le preguntó si le podía dar "ketchup" o mayonesa. —¡Qué mayonesa! ¡No se come mayonesa! ¡Dejá de pedir porquerías! —le respondió ella. Luego el niño terminó de comer y se paró, se acercó a donde están los dulces, alfajores, etc, y volteó a mirar a la mamá—. ¿Qué me mirás? —le dijo ella y el niño le señaló tímidamente algo de entre las golosinas— ¡Pero ya comiste! ¡No te voy a comprar eso! —le respondió ella, mientras él se quedó ahí paradito, mirando las golosinas. La mamá le gritó—: “¡Vení para acá que no te voy a comprar eso! Vení, vení que te pego —repitiendo varias veces la última frase.

De repente, entre el silencio apareció una voz infantil que venía de otra mesa—: ¡Papá! ¿No escuchaste que le dijo ‘vení que te pego’? ¿Cómo le va a pegar por querer un chocolate? —Era otro niño, que estaba sentado en la mesa del lado almorzando con su papá. El padre, sonrojado, le dijo algo al oído y el niño respondió sin ninguna vergüenza en el mismo volumen que antes—: ¿No será que la mamá no tiene plata? ¡Papá, decile que nosotros se lo compramos! ¿No es muy caro, verdad? —Mientras tanto, la señora permanecía callada y con la cabeza agachada (yo no le alcanzaba a ver la cara, me estaba dando la espalda). El papá del niño le volvió a decir algo al oído y este volvió a hablar en su volumen alto e inocente—: Pero papá… ¿Qué le puede hacer un chocolate? No le va a pasar nada si se come uno pequeñito… —Inmediatamente la señora, notoriamente avergonzada, se paró, agarró a su hijo y dejó un billete en la barra sin esperar el vuelto, y salió casi huyendo de la cafetería. Cuando salió, se alivió la tensión y los (pocos) presentes soltamos una risita de complicidad, mientras el padre del niño “cuestionador” abrazó fuertemente a su hijo y lo besó en la cabeza, mientras reía con nosotros.

A pesar de ser consientes de la incómoda situación que vivió la señora, nos reíamos de ver cómo el hijo del señor, con su inocencia, logró cuestionarla y hasta avergonzarla, haciéndole ver que a veces no existe justificación razonable o suficiente para muchas de nuestras actitudes adultas. Muchas veces creemos que le hacemos un bien a nuestros hijos evitando a toda costa cualquier cosa que les pueda “hacer daño”, pero se nos olvida que les hacemos más daño impidiéndoles vivir su niñez. Recordemos que lo que nos hace daño a nosotros (“los años no vienen solos”) no necesariamente les hace daño a ellos, e incluso los puede hacer un poquito más felices. Obviamente todo exceso es malo, pero no lleguemos al extremo de pretender que los niños tengan hábitos de adulto y se comporten como adultos. Para eso ya tendrán bastante tiempo en el futuro.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Mi derecho a ser mujer

En algún punto de nuestra historia la mujer pasó de ser la cabeza del grupo, la que tomaba las decisiones importantes, la de manos milagrosas que hacía brotar alimento de la tierra, el ser mágico que podía crear vida en su vientre, a ser considerada un ser inferior que no tenía ninguna autonomía, totalmente dependiente de las decisiones de un hombre. Incluso se llegó a cuestionar si las mujeres teníamos alma o si eramos en realidad una especie de "animales" un poco más avanzados que los demás animales (claramente los hombres no se consideraban animales). Y no olvidemos que en algún momento aquella que se saliera de esos cánones, de ese mundo restringido al que pertenecían las mujeres, era considerada como bruja.

Pero en algún momento, las mujeres decidieron que no querían seguir siendo tratadas como un utensilio más del hogar. Decidieron gritarle al mundo que ellas también tenían criterio y la capacidad de decidir, de discutir, de entender, de elegir. Que podían valerse por sí mismas sin depender otros. Que tenían derecho a trabajar para sí mismas, para ser independientes económicamente, no simplemente para servirle a otros, y que tenían derecho a que se les diera un pago digno por ese trabajo. Más adelante incluso entendieron que su trabajo era tan valioso como el de los hombres, y que el pago por un trabajo debería calcularse por la labor en sí y no por el género del trabajador.

Muchas mujeres lucharon a través de la historia por defender estos derechos que habían sido pisoteados por tanto tiempo. Y no ha sido una lucha fácil, ha sido una historia de grandes logros pero también de grandes tropiezos. Gracias a todas las mujeres que lucharon por nuestros derechos hemos logrado demostrar que somos tan valiosas y tan capaces como los hombres. Antes no podíamos opinar más allá de lo que se hacía en la cocina. Hoy tenemos grandes científicas, médicas, ingenieras, políticas, escritoras, artistas, filósofas, abogadas, periodistas, maestras, etc, que han hecho grandes aportes a la humanidad y han demostrado que las mujeres somos mucho más de lo que creían que eramos, o mejor, de lo que nos permitían ser.

Hoy conmemoramos la lucha por nuestros derechos y la de aquellas que han dado hasta su vida por defender lo que hoy tenemos. Y seguiremos luchando mientras aún haya en el mundo mujeres discriminadas, irrespetadas, explotadas, maltratadas. Aún falta mucho, es cierto. Aún muchos hombres piensan que somos seres inferiores sin alma, que sólo existimos para servirles y complacerles en todo sentido. Aún muchas empresas se hacen las de la vista gorda, y por el mismo trabajo dan un pago diferente a hombres y mujeres. Aún existen familias que le inculcan a sus hijas la "importancia" de conseguir marido que las saque adelante, nada de estudiar ni de ser profesional, ni ser independiente (no confundir "independencia" con "soltería", hablo de independencia económica y de toma de decisiones). Aún hay mujeres que creen que deben depender de un hombre y no valoran sus capacidades ni las explotan.

Aún falta, pero el camino sigue. No nos detengamos, aún podemos seguir adelante. Pongan su cabeza en alto, sin miedo, y caminen a paso firme, porque quien lucha alcanza. No permitamos que nadie nos pisotee. No permitamos que nadie hable por nosotras. Tenemos derecho a decidir, a elegir, a ser escuchadas y sobre todo, a ser respetadas. Celebren hoy nuestra lucha y sientan el orgullo de ser mujer. Feliz día.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Alerta AMBER Colombia

El horrible caso de Yuliana Andrea Samboní nos abrió los ojos a una triste realidad que ya venimos viviendo desde hace muchos años (por no decir que desde siempre): NO estamos protegiendo nuestros niños. Alerta Amber Colombia es un grupo de ciudadanos colombianos que busca la implementación del protocolo de alerta temprana "Alerta AMBER" en nuestro país.

¿Qué es eso de “Alerta AMBER”?

La Alerta AMBER es un sistema de notificación de menores desaparecidos, implementado en varios países desde 1996. AMBER viene del inglés “America's Missing: Broadcasting Emergency Response” pero originalmente hacía referencia a Amber Hagerman, niña que fue secuestrada y días después encontrada sin vida.

Las primeras horas son vitales y por esto la alerta debe emitirse lo antes posible. Una vez emitida, es transmitida por diversos medios como televisión, radio, sms, correo electrónico, pantallas electrónicas, entre otras; a fin de poder llegar al mayor número de personas posibles.

Por ejemplo, si este protocolo hubiese existido en Colombia cuando Rafael Uribe se llevó a Yuiliana en su camioneta, los padres de Yuliana hubieran emitido la alerta, que habría llegado a todos los ciudadanos; muy probablemente, todos esos testigos que vieron la camioneta de Rafael Uribe (ej: vecinos) habrían sabido lo que estaba pasando, y tal vez en este momento Yuliana estaría en casa con sus padres.

¿Cómo funciona el protocolo de la alerta?

Cada país tiene sus propias normas de activación. Por ejemplo, en cada país varían los criterios para determinar que realmente se trata de un secuestro. De manera general, el protocolo se realiza de la siguiente manera:

1. Reportar a un menor de 18 años desaparecido. Se debe aportar la mayor cantidad de información posible del niño, el sospechoso o su vehículo.
2. Un departamento de policía valida la desaparición del menor (según los criterios de cada país).
3. La alerta es enviada por diferentes medios a toda la comunidad.
4. La Alerta AMBER motiva a todos los miembros de la comunidad a estar atentos para encontrar al niño secuestrado y al sospechoso del secuestro. Si alguien ve a un niño, adulto o vehículo que reúne la descripción de una Alerta AMBER, las persona llama inmediatamente al servicio de emergencia de su localidad y da a las autoridades toda la información que le sea posible.

¿Y qué hay que hacer ahora?

Como todos sabemos, en Colombia las cosas no son tan fáciles como decir “voy a llamar a mi amigo congresista para que me ayude a aprobar este proyecto de ley”. Si queremos que en Colombia exista este protocolo, es necesario el apoyo de toda la comunidad. En Estados Unidos, por ejemplo, el protocolo fue aprobado por firmas. Por el momento, lo que podemos hacer es unirnos a esta página de Facebook para apoyar la iniciativa y tener toda la información que se vaya publicando al respecto. Esperamos que esta página tenga la mayor cantidad de seguidores posible, que todos conozcan la iniciativa (“hacer bulla”, como decimos nosotros) para que en algún momento esto se convierta en un proyecto de ley. Entre más gente lo conozca, más rápido llegará a las manos indicadas. 

Así que, amigos, familia, compatriotas: si quieren hacer algo por nuestros niños, pueden empezar con un click. Sus hijos se lo agradecerán.

Les pido por favor que compartan esta información con todos sus contactos, en Facebook, Twitter, Whatsapp, en su casa, su oficina, etc. Dejo aquí el link de la página de Facebook: https://www.facebook.com/AlertaAmberColombia/

Para mayor información, pueden comunicarse con Alerta Amber Colombia en:
Facebook: @AlertaAmberColombia
Twitter: @AlertaAmberCol
e-mail: alertaambercolombia@gmail.com


lunes, 25 de julio de 2016

Gracias por la invitación, pero SÍ.

No suelo hacer declaraciones abiertas sobre mi opinión o posición política, ni me gusta participar en discusiones sobre este tema. Y no lo hago por "indiferencia". Debo confesar que no lo hago porque soy una cobarde y no me gusta generar conflictos con la gente. Así que, si mi opinión se presta para enfrentamientos con quienes me rodean (y más si se trata de familia o amigos), prefiero no hacerla pública.

Escribo esto quizá en un tono desesperado, porque me cansé de la falta de respeto y agresión que he recibido en las últimas semanas. También me cansé de ver la falta de información de la gente, de escuchar y leer tantas opiniones basadas en suposiciones de otros y no en argumentos propios.

Agradezco todas las invitaciones que amigos y familiares me han hecho para votar por el NO al proceso de paz en Colombia. A continuación, mi respuesta a ellos y a todos los colombianos que tienen su misma posición:

¿Y cuál es la solución? ¿Matarlos a todos? ¿Que todos vayan a prisión? No hay espacio en las cárceles para meter a tantos delincuentes (ni durante el gobierno de Santos, ni en el de Uribe, ni en ningún otro gobierno anterior). Ustedes tienen razón en muchas cosas y comparto muchas de sus preocupaciones pero:

1. Que se firme la paz no implica que Colombia se convierta en un país socialista. ¿Desde cuándo 'paz' es sinónimo de 'socialismo'?

2. Que a esos delincuentes (sí, son delincuentes, eso lo sabemos todos) se les de la posibilidad de participar en política no implica que el pueblo los vaya a elegir. Afortunadamente vivimos en una democracia y el pueblo es quien decide quién gobierna. Candidatos puede haber muchos, pero la decisión final está en manos del pueblo.

3. A quien diga que Santos es socialista, lo invito a que viva en Cuba al menos un mes. Pero no en el Meliá de Varadero sino en la Cuba real, con los cubanos reales (no esos que supuestamente viven bailando salsa en la calle, fumando habano y tomando ron), para que vivan en carne propia el socialismo y puedan obtener argumentos para poder comparar y juzgar.

4. El proceso de paz tiene muchos contras, pero la guerra tiene aún más. ¿Acaso se sienten muy cómodos con tantas vidas inocentes apagadas, tanta sangre derramada, tanto sufrimiento? Tal vez para nosotros es muy fácil opinar porque vivimos aislados de esa realidad en nuestras grandes ciudades. Pero si las víctimas directas del conflicto apoyan el proceso y añoran la firma del acuerdo final, ¿por qué no hemos de apoyarlo nosotros? Si ellos pueden perdonar, ¿por qué nosotros no?

No sé ustedes, pero yo (mujer muy capitalista) estoy cansada de esta guerra. Yo nací en esta guerra y siempre he soñado con ver a mi país en paz antes de dejar este mundo. Siempre lo vi como una posibilidad muy remota, un sueño inalcanzable. Pero ahora la oportunidad de que ese sueño se cumpla está en mis manos y no la pienso desaprovechar. No pienso pasar la vergüenza de decirle a mis hijos que en mis manos estuvo la posibilidad de terminar la guerra pero voté por continuar en ella. Muchas gracias por la invitación amigos, familia y demás compatriotas, pero yo espero poder contarles a mis hijos con orgullo que gracias a mi voto cesó la horrible noche. Yo sí espero con ansias el primer día de mi vida en paz.

No va a ser fácil, pero seguramente unidos vamos a hacer las cosas mejor. De todas formas, todos somos libres de votar Sí o NO. Sólo les pido que antes de votar, se tomen el tiempo para informarse bien acerca del acuerdo y no tomen una decisión basados en suposiciones y chismes (pueden encontrar toda la información en este link). Lean la información oficial con sus propios ojos y tomen su propia decisión.


Catalina Suarez Gomez, 29 años soñando con la paz.

PDT: Dejé habilitados los comentarios en este post. Sólo les pido un favor: si quieren opinar, háganlo de una forma respetuosa, independientemente de su posición frente al acuerdo. No quiero seguir recibiendo agresiones y mucho menos en este que es mi espacio de opinión personal. Gracias.

martes, 3 de mayo de 2016

Un año sin ti...

Hace un año decidiste dejar este mundo. Hace un año dejaste un vacío en mi corazón. Hace un año decidiste que no querías continuar y terminaste con todo. Hace un año sentiste que no podías enfrentar más tus problemas y decidiste simplemente silenciarlos. Esos problemas, tan grandes, que no quisiste compartir. No quisiste poner esa carga en hombros de otro. No quisiste buscar mi hombro, cuando sabías que siempre estaba dispuesto a recibir tu cabeza y tus lágrimas, de ser necesario. Sabías que podías contar conmigo, pero por alguna razón no lo hiciste. 

No dejo de preguntarme cada día qué hubiera pasado si lo hubiese sabido. ¿Hubiese podido evitar que te fueras? ¿Hubiera servido mi consejo? O tal vez, de todas formas hubieras tomado la misma decisión y yo sentiría aún más culpa por haberlo sabido y no haber podido evitarlo. ¿Sería eso lo que querías evitar? ¿Sabías que de todas formas me causarías dolor, pero quisiste hacerlo un poco menos insoportable?

De nada me sirve seguir preguntándome tantas cosas que quizá nunca tendrán respuesta. Sólo me queda acostumbrarme a tu ausencia y al vacío en mi pecho. A pesar de que las lágrimas se han secado, ese vacío aún duele y no lo logro cerrar. Esa herida no cicatriza y no sé si algún día lo hará. 

Intento pensar en los lindos recuerdos, en los momentos compartidos, en las risas al viento, en los ratos de escuchar metal juntas mientras estudiábamos, en los desayunos, en las tardes de lluvia horneando pan, en los domingos de Subway, en las noches de TWD, en las pizzas, los sábados de sushi, viernes de empanadas, en los momentos de sentarnos a quejarnos de todo y hablar mal de todos, en las conversaciones sobre el cuidado de las plantas, en los ratos de ponernos a armar y desarmar cosas, en las tardes de tereré en el patio, los almuerzos en el patio tiradas en mi mantel de picnic, en lo feliz que te ponías cuando te traía comida de Colombia o te cocinaba arepas con hogao... En tantos momentos vividos y que esperaba seguir compartiendo contigo...

Intento pensar en todo eso e ignorar que te fuiste, y tratar de engañar a mi corazón diciéndole que simplemente estás lejos y algún día te volveré a ver. Pero es imposible engañarme y en realidad no sé qué hay más allá de la muerte. Quisiera pensar que sí te volveré a ver y volveremos a reír juntas. Quiero pensar que así será, y ese pensamiento es el que me permite seguir adelante. Saber que no fue un "hasta nunca", sino un "allá te espero".

Hasta siempre, Eri.

Tu amiga,
Catalina.


martes, 5 de mayo de 2015

Eri

El adiós que no quiero dar...

Hoy al despertar sentí un profundo dolor en mi pecho. Un profundo dolor, tan profundo, que más bien parecía vacío. Un doloroso vacío. Mis ojos estaban cansados y mi respiración profunda. Con cada inspiración, que más bien parecía suspiro, sentía cómo el aire entraba lentamente a mis pulmones y dolía. Dolía hasta lo más profundo de mi alma. Así me levanté, después de todo un día de llanto, con la esperanza de que todo fuese una pesadilla. Pero en pocos segundos fui consciente de que había sido real. 

Es así como empezó mi primer día sin ti, mi amiga sonriente y de carácter fuerte como roca, que disfrutaba de la vida como si fuera su mejor obra de arte. Aquel arte que con tus manos construías cada día, y que todos a tu alrededor admirábamos. Tenías manos prodigiosas, que sólo podían dibujar y crear obras perfectas. 

No puedo sacarte de mi cabeza y no logro entender lo que pasaba por la tuya en el momento en que tomaste la decisión más radical que hayas tomado en tu corta vida. No lo entiendo y nunca lo entenderé. Y tampoco entenderé por qué no me buscaste. Sabías que podías contar conmigo siempre, para lo que fuera. Tú sabías que podías llamarme y yo saldría corriendo a buscarte, a la hora que fuera. Tú sabías que podías llorar en mi hombro, por el motivo que fuera. Pero no lo hiciste... No me buscaste ni me llamaste. Nunca supe lo que estabas sintiendo. Nadie lo sabía. Sólo tú conocías el sufrimiento por el que pasabas y no quisiste compartirlo con nadie. Esa fue tu decisión, pero jamás la entenderé.

No sé si este vacío algún día deje de doler. Sólo sé que siempre permanecerá vacío. No sé cuánto durarán las noches como la de anoche, en las que el sueño y el cansancio no pudieron vencer a la tristeza. No sé si algún día sabremos lo que pasó. No sé si algún día lo entenderé. No sé. Tengo tantas preguntas y tú me dejaste tan pocas respuestas...

No sé si fue un acto egoísta o cobarde, o quizá desesperado. No tengo ningún derecho a juzgarte. Sólo espero que hayas encontrado el descanso que buscabas. Sólo me queda rogarle a Dios para que le permita a tu alma descansar en paz. Sólo espero que algún día mi corazón destrozado pueda sanar. 

Nunca te lo dije, pero te quiero, amiga. Nunca te irás de mi corazón. Nunca te fuiste.



miércoles, 11 de marzo de 2015

El fútbol no es sólo piernas

A pesar de que el fútbol es una de las dos cosas que más amo en la vida, nunca me he atrevido a escribir un post sobre esto por miedo a las respuestas machistas y petulantes, que nunca faltan cuando una mujer da su opinión sobre el tema. Pero hoy he decidido romper el silencio porque existe un asunto muy importante sobre el cual no quiero callar más. Un asunto que, como colombiana y amante del fútbol, me afecta y me duele enormemente. Este asunto tiene nombre y apellido: Radamel Falcao García.

Este nombre, en menos de un año, pasó de ser símbolo de orgullo, esperanza, alegría y respeto, a ser símbolo de burla y humillación. Pero no precisamente burla y humillación hacia nosotros, quienes lo admiramos, sino hacia él mismo: un valiosísimo jugador de 29 años, quien en el ápice de su carrera tuvo la mala suerte de sufrir una lesión que significó el declive de una gran racha de éxito y triunfos.

Y no voy a hablar de tecnicismos, hoy sólo quiero mostrar mi inconformidad y desprecio por aquellas personas que han puesto en el camino de Falcao cuanta piedra pueden poner para que siga tropezando. Y sí, hablo de personas, y sobre todo, de medios de comunicación. Porque, para la información de quienes jamás han tocado un balón de fútbol en su vida y aún así tienen el descaro de opinar, el fútbol no es sólo piernas, también es mente y corazón. Y si uno de estos tres factores no funciona, los demás tampoco.

Es increíble que la gente creyera que después de una lesión de semejante magnitud (rotura del ligamento cruzado anterior),  Falcao podría estar en forma en unos pocos meses. Una lesión de este tipo implica una larga recuperación. Si te exiges más de lo debido, se podría convertir en una lesión crónica. Dejando de lado el hecho de que no se le podía exigir a Falcao dar el 100% debido a su lesión, el delantero colombiano fue fichado por un equipo cuyo DT, desde un principio, no puso un mínimo de confianza en él. Llega a un equipo nuevo recuperándose de una grave lesión, y desde un principio tiene que mendigar la confianza de Van Gaal... Además, recordemos que esta lesión también significó para Falcao un gran golpe emocional, ya que le quitó la posibilidad de jugar el que sería su primer (y tal vez único) mundial.

Aún así, con toda esta presión encima, Falcao continúa con su recuperación. Pero para volver a estar en forma, no sólo se necesita terapia. También se necesita jugar. ¿Es posible recuperar su estado calentando banca durante 70 minutos de un partido? Yo pienso que no. Pero al parecer, para Van Gaal, Falcao no es merecedor de jugar con su equipo y su recuperación no es un asunto de su incumbencia. Lesiones así han sido sufridas por grandes jugadores, que se han podido recuperar lenta pero satisfactoriamente, porque han tenido la fuerza mental suficiente y sobre todo, el apoyo incondicional del cuerpo técnico de sus respectivos equipos. Y no digo que Falcao no sea fuerte mentalmente. De hecho, pienso que es demasiado fuerte, no debe ser nada fácil soportar tanta presión.

Te lesionas, te pierdes el mundial de tu vida después de haber sido el artífice de la clasificación de tu selección (que hacía 16 años no iba a un mundial), tienes una larga recuperación, tu nuevo DT no te permite jugar, los medios te critican y no te dejan en paz... Pero esto no termina ahí. Para darle la "oportunidad" de jugar a Falcao y acumular minutos de juego (o mejor, justificar su sueldo), se les ocurre la grandiosa idea de ponerlo a jugar con el equipo Sub-21. Como si ya no hubiera sufrido suficientes humillaciones, lo ponen a jugar con un equipo al que tranquilamente podría entrenar. Es como si después de estar haciendo mi doctorado me devolvieran a la primaria... Todo por el capricho de un técnico que desde un principio mostró su desacuerdo con la presencia de Falcao en el equipo y que jamás le dará la oportunidad de demostrarle lo equivocado que está. Y al menos, esto no ocurrirá mientras Falcao siga allí.

Quizá la lesión del 22 de Enero de 2014 podría ser el peor golpe de suerte que haya sufrido Falcao durante su carrera. Pero para mí, el peor golpe ha sido el no haber tenido el apoyo de un cuerpo técnico que confíe en él, ni de nadie a su alrededor. Una herida no sana a punta de golpes. Un ser humano no logra salir de una crisis a punta de ataques y críticas. Y si eso es lo que seguirá recibiendo Falcao mientras esté en el Manchester United, pues lo mejor que le puede pasar es irse de ahí, sea cual sea el nivel del equipo al que vaya. Puede que el Manchester United sea uno de los mejores equipos del mundo, pero es preferible estar en un equipo chico que te de alas para demostrar quién eres, y no ser simplemente parte de la utilería del más grande.

viernes, 21 de marzo de 2014

Colombia, la pasión no es suficiente.

En Colombia, ser científico es un privilegio que no muchos tienen. No sólo por la falta de interés en la ciencia, desinformación, o simplemente ignorancia, sino también por la falta de oportunidades y apoyo económico.

Muchos jóvenes ven al científico como una imagen lejana e inalcanzable. Pero ellos no son culpables de su ignorancia.  Tal vez si hubiesen tenido una educación de calidad y mayores incentivos, tendrían un mayor acercamiento a la ciencia. Colombia es uno de los países en los que la gente cree que ser astronauta, paleontólogo o físico nuclear, es algo que sólo ocurre en las películas, o que son cosas que sólo los "genios" pueden realizar. Son los sueños de infancia más comunes, pero así mismo, frustrados para la mayoría.

Colombia es un país en el que se invierte el dinero en buscar la mejor tecnología (la mayoría de veces importada), desarrollada para asesinarnos entre nosotros mismos con la mayor eficacia. También existe gente muy necesitada, que "toma prestado" dinero del país para poder tener todos los bienes que hacen posible su subsistencia. Cosas tan necesarias como 3 carros (2 para lo del pico y placa y otro para la finca), la suscripción al club y los ahorritos en una que otra cuenta en el exterior, porque hay que guardar para su futuro (¿para qué invertir en el futuro de los demás? Eso no importa...)

Colombia es un país en el que una VIP (very important prostitute) puede ganar en un día más de lo que gana un científico en un mes. Por eso no es raro que en algunas familias colombianas se llegue a escuchar este sabio consejo: "mijita, pa' qué se pone a joderse estudiando, eso consígase un marido rico". La gente que piensa de esa forma, seguro no tuvo una educación de calidad para entender que el dinero debería ganarse trabajando en lo que a uno le gusta, sin necesitar de que pisoteen su dignidad. Pero como no hay dinero para que la gente pueda estudiar para ser astronauta, paleontólogo o físico nuclear, la gente simplemente termina trabajando en algo que no le gusta.

En Colombia no hay apoyo económico suficiente para los estudiantes. El que no tiene dinero y no entra a la universidad pública, simplemente se queda sin ser profesional. ¿Y quiénes logran entrar a la universidad pública? Los que tuvieron una educación de mejor calidad, muchas veces en colegios privados. ¿Por qué? Porque desafortunadamente, no hay dinero para invertir en la educación básica y secundaria, y la mayoría de colegios públicos tienen un nivel lamentablemente bajo.

Desafortunadamente (para algunos, afortunadamente para los que pueden y/o les gusta estudiar), ahora ser profesional no es suficiente. Hoy en día es casi el equivalente a ser bachiller hace un par de décadas. Desafortunadamente, en Colombia existe una gran ignorancia acerca de los estudios de posgrado. No sólo por la imposibilidad para acceder a ellos, sino además porque en Colombia la gente cree que hacer un posgrado es cosa de gente mayor e "intelectual". Esa gente se sorprendería mucho si les contara que, entrando a mis 27 y estando en mi segundo año de doctorado, la gente de otros países me pregunta por qué tardé tanto en comenzar un posgrado. En otros países, yo ya estoy vieja para ser estudiante de doctorado, en Colombia la gente me dice que no debería matarme estudiando eso, que aún soy demasiado joven.

Pero uno de los impedimentos más grandes para acceder a un posgrado en Colombia, es la falta de inversión en la educación (nuevamente). Son pocas las universidades públicas que ofrecen programas de doctorado, simplemente porque no hay dinero. Mucha gente debe irse a otro país (como yo) para poder estudiar lo que realmente quiere, lo que lo hace feliz, porque muchas veces esto no existe en Colombia (no hay plata para abrir más carreras/posgrados).

Ya sea para estudiar en Colombia o en el exterior, tampoco contamos con apoyo económico para financiar nuestros estudios de posgrado. Existen unas pocas instituciones en Colombia que apoyan a los estudiantes (como ICETEX, Colciencias o Colfuturo, y algunas universidades privadas), pero ellos hacen lo que pueden con el bajo presupuesto que el gobierno les asigna. No pueden hacer milagros. Las becas no alcanzan para todos, y siempre son unos pocos privilegiados los que logran obtenerlas. Además muchas de estas becas tienen algunas restricciones. Afortunadamente, en otros países también existe apoyo para estudiantes colombianos (y de otras nacionalidades). Pero, como es lógico, para obtener una de estas becas también se debe concursar y competir con muchos candidatos. Y adivinen ¿qué se necesita para lograr un buen resultado y ser aceptado? Sí... Una educación previa de calidad. Si no tiene las herramientas (por ejemplo, muchas veces es muy importante el dominio de una segunda lengua), no obtendrá ninguna ayuda, y no podrá estudiar.

Si usted logra entrar a un posgrado, bien sea en otro país o en Colombia, también necesita dinero para cosas como viajes de investigación, equipos, insumos, etc. A veces las becas no incluyen esto y usted debe buscar otro tipo de ayuda para complementarlas. Y adivinen qué tan fácil es conseguir un financiamiento en Colombia para esto... Bueno, ya sabrán la respuesta. (Si están interesados en estudiar un posgrado, sigan este link de mi blog "Colombianas de Ciencia"). Muchas veces se debe optar por buscar apoyo económico de instituciones extranjeras. Por ejemplo, yo necesito ir a Japón a estudiar unos fósiles de Colombia. Estuve buscando opciones de apoyo económico en mi país y no tuve éxito, ya que las pocas que hay no aplican para mi caso. Así que opté por buscar ayuda por otro lado.

Pero ustedes se preguntarán ¿qué hacen unos fósiles colombianos en Japón? Esto no es nada raro. Una de las razones es que el gobierno colombiano no se ha preocupado por crear una legislación que regule el manejo de estos recursos, que son patrimonio de la humanidad. Así que muchas veces los fósiles salen del país para ser estudiados y no regresan. Pero de todas formas, ¿qué pasaría si alguien quiere regresar los fósiles? Pues no hay dónde guardarlos. Es increíble, pero en Colombia NO EXISTE UN MUSEO DE HISTORIA NATURAL. Existen pequeños museos, como el del Servicio Geológico Colombiano (antiguo Ingeominas) o el del ICN en la Universidad Nacional, sede Bogotá. Entonces, ¿para qué regresar los fósiles si no van a tener un lugar adecuado para ser guardados o expuestos? Y adivinen por qué no existen este tipo de lugares... Ya saben la respuesta.

La falta de una legislación no sólo perjudica el retorno legal de los fósiles, sino también facilita la existencia de algunos negocios ilegales. Cualquier persona puede montar un negocio en Villa de Leyva y vender fósiles por $2000. Así mismo no hay ningún problema si alguien va a Colombia de vacaciones, compra fósiles y se los lleva de recuerdo (ver mi post sobre este tema). Así no mas... Eso en muchos países se llamaría tráfico, pero al parecer al gobierno colombiano sólo le preocupa un tipo de tráfico. (Aclaro: al hablar de tráfico me refiero a los fósiles que la gente compra. En el caso de los fósiles que salen para ser estudiados en universidades y museos de otros países, es algo legal si se obtienen los permisos necesarios).

El caso de los fósiles es tan sólo un ejemplo. Pero esto puede aplicarse tranquilamente a muchas otras ciencias diferentes a la paleontología y otros campos diferentes a la ciencia. En mi país prefieren invertir en unos cuantos Kfir y Mirage (porque son necesarios para "matar a todos esos bandidos"), que invertir en un museo de historia natural o en educación básica y secundaria gratis y para TODOS. ¿Acaso no saben que es menos probable que un niño educado como debe ser se convierta en uno de esos "bandidos"? Un niño que recibe una educación de calidad, tal vez invierta su tiempo en pensar en otras formas más razonables para solucionar los problemas del país. Un niño que recibe educación va a pensar antes de actuar, y tal vez no pasarán por su cabeza cosas como la "sed de venganza".

Yo amo mi país, y sinceramente no me hace tan feliz tener que estar lejos de mi familia y de las cosas que amo, sólo porque allí no tengo la oportunidad de estudiar lo que quiero. Soy feliz porque conozco gente y culturas nuevas, pero siempre siento el vacío de no estar en casa y la decepción al saber que otros, a diferencia de mí, no pueden cumplir sus sueños.

Definitivamente, en muchas ocasiones el riesgo sí es que te quieras quedar en Colombia, porque tal vez no vas a poder estudiar lo que quieres y vas a terminar frustrado haciendo lo que no te gusta por el resto de tu vida. Ayuda hay, oportunidades hay. El problema es que no son para todos. La educación es un derecho. Nadie debería pagar por sus derechos.

¡Colombia, no basta con ser pasión. También necesitamos educación!



lunes, 29 de octubre de 2012

El fenómeno Princesitas

Es evidente que en nuestra sociedad el protagonismo que se le da a la mujer ha crecido desde hace pocas décadas. Hace unos tantos años la imagen de la mujer no era relevante en la sociedad y mucho menos lo eran sus opiniones, derechos o necesidades. En la sociedad actual, la mujer juega un papel muy importante, aunque para muchos no el que merece, pero es notable que sus derechos y necesidades son una preocupación mucho más evidente hoy en día. 

Las oportunidades que se le dan a la mujer actualmente serían impensables hace algunas décadas. Serían privilegios únicamente de los hombres. Entre estas oportunidades se encuentra el derecho a la educación: poder estudiar, saber leer, tener conocimientos específicos, ser profesional, etc. Hoy en día existen muchas mujeres, no necesariamente pudientes (económicamente hablando), que se destacan por sus logros en ciencia, ingeniería, arte, política, ciencias humanas, etc. También existen mujeres que, aunque no han tenido los recursos suficientes para estudiar una carrera profesional, han salido adelante gracias a oficios dignos que antes sólo eran llevados a cabo por hombres, como carpintera, zapatera, secretaria, taxista, artesana, pastelera, cocinera, modista, joyera, etc.

Sin embargo, a pesar de estas nuevas oportunidades, existe todavía una influencia machista regida por la ley del menor esfuerzo. Aún hoy existen hombres y mujeres que crían a sus hijas con la idea de que estudiar es para niños ricos, que es algo muy difícil y que no le va a dar con qué vivir en el futuro. Aún hoy cuando tantos niños realmente pobres, que viven en lugares donde el acceso a la educación es incipiente, desearían poder ir a la escuela. Estas hijas que parecen salidas de una "narconovela" son criadas con la idea de ser esclavas de la belleza, ya que esta será lo que les asegurará su futuro. Desde una niña a la que casan con un hombre rico, hasta una reina de belleza o una presentadora de farándula, todas han crecido con la idea de que su belleza les dará más de lo que les puede dar su cerebro. 

Pero esto no es un fenómeno que existe sólo en Latinoamérica. Esta situación se presenta en todo el mundo. Existen concursos de belleza internacionales donde participan niñas desde los 4 años, a las que maquillan, depilan, peinan y hasta transforman con tal de obtener un reconocimiento, que más pareciera satisfacer los deseos frustrados de sus madres por ser reinas de belleza. ¿Por qué no en lugar de dar prioridad a la belleza, se incentiva a las niñas a estudiar y desarrollar su cerebro? Este cerebro al fin y al cabo, desde que no haya mayores problemas de salud, estará con ellas hasta el final de sus días. La belleza probablemente no. Entonces, ¿de qué vivirán cuando sus glándulas mamarias se caigan, su cara se arrugue y su barriga sobresalga? ¿Con qué pagarán sus cirugías si ya no pueden atraer hombres ricos o contratos en televisión? Tal vez si escogieran ser profesionales o desempeñar algún oficio, su cerebro y aptitudes no sólo pagarían su alimento y vivienda, sino también su felicidad hasta el final de su vida.

Es difícil cambiar esa mentalidad de la vida "fácil", que al fin de cuentas termina no siendo tan fácil para estas mujeres, ya que implica ciertos esfuerzos que muchas veces van en contra de su propia dignidad. Es difícil hacerle entender a la gente que el éxito no se trata de sacar al mercado algún día su propio perfume, o ser la actriz latina del año gracias a su actuación en Modern Family (mientras deja la imagen de las latinas por el piso). Es difícil para muchas personas entender que el éxito realmente se alcanza poco a poco, con mucho esfuerzo, y que los sueños se pueden cumplir sin tener que dejarse pisotear la dignidad. Es difícil hacer que algunos padres entiendan que lo que hacen es destruir la vida de sus hijas, haciéndoles creer que no pueden lograr nada por sí mismas y que deben depender de su belleza. 

No se justifica que en la actualidad existan personas que subvaloran de tal forma a la mujer y que exista gente que lo patrocina. ¿Que tal si todo ese dinero que gastan en los concursos de belleza lo invierten mejor en escuelas para las comunidades con menos recursos? ¿Que tal si no sólo invirtieran en escuelas, sino también en campañas para educar a estos padres ignorantes que no valoran la grandeza y potencial de sus hijas? El reto está en hacerle entender a esos padres que no existe nada mejor que la satisfacción de cumplir sus sueños habiéndose esforzado para lograrlo. 

Las cosas se valoran más cuando cuando te has esforzado por obtenerlas. La felicidad es más grande cuando has tenido que sufrir para alcanzarla.

lunes, 30 de abril de 2012

La Feria Social de Moda.

La Feria del Libro de Bogotá inició como feria nacional en 1988. Años después pasó a ser la Feria Internacional del Libro. En 2007 Bogotá fue nombrada Capital Mundial del Libro por la UNESCO. Anualmente miles de personas asisten a esta feria para conocer, aprender y comprar. Todo gira entorno a los libros.

Recuerdo que hace algunos años, las personas que asistían a la feria eran en su mayoría estudiantes o gente estigmatizada como "intelectual", o lo que popularmente se conoce como "gente ñoña". He notado que con los años el flujo de personas ha aumentado, sobretodo en estos últimos 5 años (aproximadamente).

Este año en la feria noté una situación muy particular y le hice un comentario a mi prima acerca de ello. Le dije que no entendía por qué tanta gente tomaba tantas fotografías en cualquier lugar, incluso en la feria del libro. Y ella agregó que había más gente tomando fotos que mirando libros. Después de un minuto de silencio a ella se le ocurrió la respuesta: "porque ahora existe facebook...". Ahora la vida de la gente gira en torno a "¿qué fotos voy a subir a facebook?".

Después de reflexionar acerca de ello realicé una búsqueda en las redes sociales, y encontré comentarios como "¡que deli, compré muchos libros en la feria!", por parte de gente que conozco y sé que jamás en su vida ha abierto un libro por voluntad propia.

He llegado a la conclusión de que la Feria Internacional del Libro se ha convertido en la moda social "pseudo-intelectual" del momento. Las redes sociales le han hecho una publicidad que ha aumentado el número de falsos asistentes. Con falsos asistentes me refiero a aquellas personas que asisten con el único fin de mostrar que asistieron.

Tristemente, contra toda estadística, los interesados en la lectura no han aumentado. Los interesados siguen siendo los mismos. Lo único que ha aumentado es el número de falsos lectores, los lectores por moda.

Esta entrada la escribo con el fin de incentivarle a reflexionar acerca de si realmente usted se considera un lector o un lector por moda.

No ser lector no es ningún pecado. Todos somos diferentes y tenemos derecho a serlo. Simplemente, si usted no gusta de la lectura, no haga sacrificios estúpidos ni actuaciones innecesarias. No asista a la Feria del Libro, realmente le haría un favor a quienes realmente disfrutan de la feria... ¡Entre menos montonera, mejor!


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lunes, 13 de febrero de 2012

La primera vez que fui al estadio

La siguiente entrada la escribo en respuesta a la iniciativa de Millonarios FC para el regreso de las familias al estadio. La idea no es hablar de las cosas malas, sino de todo aquello que nos motive a ir en familia a celebrar la fiesta del fútbol.


... Siempre, cada vez que entro al Campín, 
recuerdo ese gran día: la primera 
vez que fui al estadio.

Recuerdo ese día tan claramente como recuerdo todo momento importante de mi vida. Como el día que entré al colegio, el día que me gradué, el día que encontré mi primer fósil, o el día que se me cayó mi primer diente de leche.

Todo comenzó con la gran noticia, o mejor, la gran invitación. Siempre soñé con ese momento. Nunca antes había ido, porque supuestamente era "peligroso" y mi mamá siempre decía que debía esperar a ser "más grande". Cada vez me hacía más grande y el día no llegaba (además nunca tuve compañía para ir). Se había difundido la noticia: el River Plate de Argentina vendría a jugar un partido amistoso con Millonarios, el 16 de Diciembre de 2004. Era un partido importante, y pensé que (como siempre) lo vería por televisión (sola). Ese día mis primos me contaron sus intenciones:  Vamos a ir al partido de Millos contra River, ¿quieres venir con nosotros? Con una sonrisa en el rostro y mis ojos comenzando a humedecerse, grité:  ¡SIIII!!!! 

No lo podía creer. Por fin los vería en persona. No más pantalla chica. Millos estaría a tan sólo unos metros de distancia y yo sería la persona más feliz del planeta.

El gran día llegó. Desde que desperté contaba los minutos y segundos para ir al estadio. Buscaba en mi armario el atuendo perfecto para esa gran gala. Todo el tiempo llamaba a casa de mi tía para ultimar detalles. Con cada hora que pasaba mi corazón latía más fuerte.

Finalmente llegó la hora. Nos encontramos todos y salimos hacia el Estadio Nemesio Camacho El Campín. Al llegar allí, la sensación fue de alegría total mezclada con muchos nervios. Estaba realmente emocionada. Tantas veces pasé frente al estadio anhelando el día que pudiera entrar a ver a Millonarios... Ese día por fin había llegado.

Recuerdo que estábamos algo preocupados porque llegábamos un poco tarde y sería difícil encontrar lugar para 7. A medida que atravesaba las puertas del Campín la emoción aumentaba. Mi pulso se aceleraba mientras subía los escalones que conducen a la tribuna y sentía el movimiento del estadio, que vibraba al ritmo de los saltos, los bombos, los redoblantes y los cantos de los hinchas.

De repente una fuerte luz me enceguece. Entro y ante mí aparece resplandeciente el gran estadio, como una aparición milagrosa, bañado en camisetas azules. No era el cielo ni un sueño, aunque yo me sentía en el paraíso. De repente, con el pulso acelerado, mi corazón finalmente estalló de júbilo y comencé a cantar y saltar. Ese fue uno de los días más felices de mi vida.

Cuando por fin aterricé y entendí que estaba viviendo la realidad, recordé las palabras de mi madre, cuando me hablaba de lo peligroso que era ir al estadio. Miraba a mi alrededor y veía tantos rostros felices, a mi familia saltando, a padres abrazando a sus hijos, a chicos cantando juntos sin siquiera conocerse... ¿Qué de peligroso habría en eso? Eran tan sólo almas felices reunidas en un lugar por un motivo en común: EL AMOR AL FÚTBOL.


Mensaje para los padres: tal vez si acompañamos a nuestros hijos al estadio, ellos no tendrán que buscar la manera de ir solos, o peor, en mala compañía. Enséñales a ver y disfrutar el fútbol. ¿Qué mejor compañía que la familia? No permitamos que la fiesta del fútbol se convierta en tristeza.

miércoles, 4 de enero de 2012

Coherencias de la carne y la tauromaquia


Mi madre siempre dice "a mí me gusta comer carne, desde que no sepa cómo mataron al animal". Puede que a usted no le guste ver cómo sufre el animal, pero eso no le quita el derecho a que le guste comer carne; y puede que una persona no esté de acuerdo con las corridas de toros y le parezcan un acto cruel, pero de eso a ser activista o considerarse anti-taurino hay mucho trecho.

Muchos de los que dicen ser "anti-taurinos" son un poco incoherentes con lo que son. A nadie le gusta ver a un ser vivo maltratado, a excepción de los "taurófilos" (más adelante explicaré la razón de las comillas) que lo ven como un arte. Un anti-taurino debe ser alguien muy coherente: si "lucha" contra el maltrato animal, debería ser coherente con sus actos y no propiciarlo comiendo aves de corral criadas bajo condiciones indignas, o peces que mueren de la forma más cruel que puede existir; o peor aún, que use chaquetas de cuero porque esa es la moda, sin pensar en que eso que se pone encima es la piel de una vaca que murió (quién sabe bajo qué condiciones) para que usted se vistiera bien.

A propósito de las comillas que usé al escribir el término “taurófilo”, lo hice debido a que no considero que este deba ser el término correcto para una persona que disfruta viendo a un toro ser maltratado. Si observamos bien la palabra, su significado literal sería “amor a los toros”. Respecto a esto me gustaría hacer una pregunta: si ama a su madre, ¿disfrutaría viéndola ser maltratada? Creo que la respuesta de todos es NO. A mi parecer, etimológicamente este término se acomoda más a aquellos que conocemos como “anti-taurinos” (los invito a que reflexionen también sobre el significado etimológico de este último término, y si les parece correcto). Un término que a mi parecer describe mejor a quienes disfrutan de las corridas de toros sería “taurófobo”, como ya lo había dicho en uno de mis comentarios en Twitter. Aclaro que no estoy sentando una posición ante la tauromaquia, simplemente, ya que hablamos de coherencias, quiero hacer un comentario acerca de los términos que siempre me han parecido mal asignados.

Considero que lo que una persona piensa debe ser coherente con cómo vive y con lo que hace, y si come carne y usa pieles para vestirse, no está en ningún derecho de criticar ni luchar contra ningún tipo de maltrato animal, a menos que críe sus propias vacas y pollos, y haga sus zapatos con el cuero de animales que murieron dignamente. En conclusión, nadie puede juzgar si está mal o no comer carne, usar pieles o gozar de las corridas de toros. Cada quien es libre de hacer y comer lo que quiera. Pero si va a criticar la contaminación, no contamine; si critica el desperdicio de agua, no la desperdicie; si critica el maltrato a los niños, no le pegue a sus hijos; si critica el maltrato animal, no lo propicie… y si no puede ser coherente, ¡no critique!


Esta entrada surgió en respuesta a una que publicó un amigo twittero en su blog, titulada “Toros, carne y demás” (ver http://catarsispurgativa.blogspot.com/2012/01/toros-carne-y-demas.html). Iba a responderle con un comentario, pero al notar que se estaba tornando muy extenso, decidí responderle con otra entrada.



martes, 27 de diciembre de 2011

Amor de lejos



 En Colombia se escucha con mucha frecuencia a la gente hablando sobre su país, pero en la mayoría de ocasiones lo hacen para renegar y quejarse de todo lo que hay y lo que ocurre en Colombia. Muchas de estas personas comparan el país con otros, y hacen alarde de las ventajas de estos otros países perfectos. Pero fácilmente se puede identificar que este es un concepto infundado por terceros, o producto de un viaje de vacaciones.

Cuando alguien tiene realmente la oportunidad de conocer y vivir en otro país, su concepto sobre Colombia es diferente al de aquellos que hacen alarde de sus viajes y diferente al de aquellos que no han tenido la oportunidad de salir del país.

Cuando vives fuera de Colombia comienzas a vivir "en carne propia" lo que se conoce como "amor a la patria". Ese amor que nace sólo cuando te das cuenta que allá lo tenías todo (no me refiero a cosas materiales), y cuando comienzas a extrañar ese pedacito de tierra donde todo es de colores, de sabores y de música; donde todos se sonríen mutuamente, a pesar de no conocerse; donde todos somos vecinos y compadres; donde cualquier cosa es motivo para hacer fiesta o si es posible para carnaval. Cuando extrañas ese pedacito de cielo azul con aves de todos los colores, con todos los climas y olores; aquel cielo que, aún cuando es gris, te hace sentir protegido, como bajo el techo de tu casa.

Cuando vives fuera de Colombia y te encuentras con otros colombianos, no te fijas en si él es paisa, si ella es costeña, o si ellos son rolos. Mucho menos te importa si son hinchas de Santafé o de Nacional. Lo único que importa es que son colombianos. Son colombianos y por eso son hermanos, y por alguna razón esa desconfianza que normalmente se podría tener hacia un extraño, desaparece.

Cuando vives fuera de Colombia y escuchas el resonar de los cueros de un tambor, comienzas a sentir cómo tu sangre recorre tu cuerpo y tu piel se eriza, y sientes la necesidad de moverte, de cantar o de gritar, de reír, de celebrar, así en Colombia jamás hubieras bailado una Cumbia o un Mapalé. Si escuchas el himno nacional o ves tu bandera, se te hace un nudo en la garganta y tus ojos se llenan de lágrimas, y en lo único que piensas es en entonar a todo pulmón aquel himno de tu patria, aunque si hubieras estado en Colombia te habría dado vergüenza hacerlo.

Ni hablar de lo que sientes cuando por alguna razón ves un lulo, un maracuyá, una feijoa o un tomate de árbol: tu boca se hace agua y podrías comerte un árbol completo, así tu madre hubiera sufrido obligándote a tomar el jugo del almuerzo cuando eras niño.

No sólo en el amor se cumple la regla de “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde” o mejor, hasta que se aleja. Tristemente, para amar a Colombia muchos tienen que primero vivir lejos de ella. Ojala no todos tengan que salir de Colombia para comenzar a amar esta patria que nos vio nacer. La patria que me vio nacer y crecer, y donde quisiera terminar mis días… Quiero pueblito viejo morirme aquí en tu suelo, bajo la luz del cielo que un día me vio nacer…

Dedicado a todos mis compatriotas, amigos y familia que viven fuera de Colombia. Que sigan amando a su "pueblito viejo".

jueves, 22 de diciembre de 2011

El secreto para adelgazar


Si usted llegó hasta esta entrada, o está desesperado y ya no sabe qué más hacer para adelgazar, o es un perezoso y piensa que la solución le va a llegar milagrosamente. Pues para adelgazar no es suficiente con ejercitar los dedos en el teclado del computador. Lamento decirle que ¡no hay recetas milagrosas!. Simplemente ¡párese de esa silla y comience a hacer ejercicio! Deje la pereza, esa es la única solución.

Si no le gustó el secreto para adelgazar, entonces resígnese a no solo ser gordito, sino también estar enfermito. Porque lo grave de la gordura no es la estética, sino su salud. La belleza se lleva adentro, usted no se deje llevar por los estereotipos ilógicos y estúpidos que ve en televisión. No se mate dejando de comer. Lo único que le debe importar es tener una buena salud. Si su salud es buena, usted se sentirá mejor y será feliz. Y si usted es feliz, eso se verá reflejado en su belleza. 

¿Qué más belleza que la felicidad?...

Dedicado a los gorditos felices y hermosos que tanto amo.

sábado, 27 de agosto de 2011

YA SOY GRANDE.


 Cuando los niños pasan a ser adolescentes, la gran mayoría de las veces se sienten adultos, sienten necesidad de independencia y se creen en todo su derecho de no rendirle cuentas a nadie. Piensan que ya son personas maduras. Pero precisamente este tipo de pensamiento es en realidad indicador de que esa madurez aún se encuentra muy lejos. Una persona madura mide consecuencias y piensa bien las cosas antes de tomar cualquier decisión. Esto es algo que se obtiene, no solo con los años, sino también con la experiencia. Es decir, la inmadurez no es sólo cosa de adolescentes, ya que muchas personas adultas nunca llegan a alcanzar esta condición.

 El simple hecho de no depender económicamente de sí mismo, lleva consigo la obligación de cumplir con ciertas normas de convivencia. Aún más si son sus padres de quienes depende, ya que estos no sólo son aportantes de dinero y techo, sino también de amor y educación.

 Lo que no entienden muchos jóvenes es el ¿por qué debo dar explicaciones a mis padres de lo que hago o dejo de hacer, si yo ya soy grande? Lo que ellos no entienden es que sus padres no solicitan esta información únicamente como mecanismo de control, sino también para su propia tranquilidad. Antes de ser los dueños de la casa y quienes aportan el dinero, los padres son quienes nos traen al mundo, y para ellos nosotros somos su razón de ser.

 El mejor ejemplo de esto es lo que ocurre cuando aquel niño deja de ser niño y se convierte en adulto, se va de la casa y hace su propia familia; esta necesidad de información por parte de los padres continúa vigente. Los padres siempre van a querer cerciorarse del bienestar de sus hijos, aún si ya no viven con ellos, o si sus bebes ya pasan de los 40.

 Tal vez los jóvenes deberían, antes de criticar, ponerse en los zapatos de sus padres, e intentar entender lo que ellos podrían llegar a sentir en caso de que algo atentase en contra del bienestar de sus hijos. Tal vez de esta forma aprenderían a ser más precavidos y a tomarse  la molestia de tener una buena comunicación con sus padres.


YA SOY GRANDE, LA HISTORIA.


 Cecilia era una niña de 19 años, que vivía con sus padres y estudiaba. Cecilia tenía novio. Su madre siempre le reclamaba porque cuando salía de casa, Cecilia nunca le avisaba dónde ni con quién estaba. Un día Cecilia se encontraba en casa de su novio y decidió quedarse a dormir allí, como solía hacerlo a veces, pero no se lo informó a su madre. Su madre estuvo toda la noche llamándola a su celular, pero Cecilia lo apagó. Entonces se comunicó con las amigas de Cecilia, intentando saber dónde estaba su hija, pero no obtuvo información alguna. Cuando Cecilia llegó a casa su madre la recibió bañada en lágrimas, a punto de tener un ataque de nervios. Lo único que Cecilia le dijo a su madre fue: “¡mamá, no seas exagerada! ¡Tu sabías que estaba con Juan!”. Eso era cierto, pero lo que nunca le dijo Cecilia a su madre era que dormiría fuera de casa, y menos que llegaría al día siguiente en la tarde. 

 Cecilia siempre renegó de la “paranoia” de su madre,  defendiendo siempre su “independencia” y su “mayoría de edad”. Cuando Cecilia fue adulta, se casó (no con Juan) y tuvo 2 hijas. La relación con su madre no era muy buena y pasaban años sin hablar. Su hija mayor, Juliana, era muy parecida a ella: nunca le daba explicaciones a su madre y la trataba siempre de "paranoica". 

 Un día Juliana salió a una fiesta con sus amigas. Cecilia pasó la noche en vela preocupada, ya que Juliana nunca contestó su celular. Ella recordaba lo que en su juventud le hacía a su madre y se tranquilizaba un poco, pensando que seguramente ella estaría bien y todo sería cuestión de ese deseo de independencia, el mismo que sentía ella en aquel entonces. Pero al mismo tiempo se sentía un poco culpable, ya que ahora ella sentía lo que seguramente había sentido su madre: angustia, dolor, desesperación, impotencia, etc.

 Amaneció y Juliana no llegó a casa. Anocheció y aún no llegaba. Cecilia salió desesperada a buscar a todas sus amigas, y para su sorpresa, todas estaban en sus casas. Las amigas de Juliana la vieron tomar un taxi hacia su casa la noche anterior, pero no supieron más de ella. Al día siguiente, después de poner denuncios y buscar en hospitales y morgues, el teléfono sonó. –Buenas tardes, necesitamos hablar con los padres de la señorita Juliana Hernandez –dijo la voz al otro lado del teléfono.

 A Cecilia se le cayó el teléfono de las manos, así que su esposo lo tomó y contestó la llamada. Ella no quería saber lo que pasaba, pero su esposo la abrazó y con lágrimas en sus ojos dijo aquellas palabras que ella nunca olvidaría: “amor, debemos salir. Tenemos que ir a reconocer el cuerpo de Julianita”. En ese momento Cecilia sintió que su corazón era arrancado de su pecho, y arrebatado junto con su vida entera. El dolor que sentía era más grande que todos los dolores juntos.

 En el funeral de Juliana, Cecilia no pronunció palabra alguna. No hasta el momento en que la vio llegar. Era ella, la paranoica exagerada, con quien hace tantos años había dejado de hablar. Era su madre. Se le acercó y la miró con ojos enrojecidos y mojados. De repente Cecilia se puso de pie y la abrazó como nunca lo había hecho. Al abrazarla, ambas estallaron en llanto y Cecilia por fin habló, para pronunciar aquello que nunca imaginó llegar a decir: “Madre, perdóname. Tu siempre tuviste la razón. Ahora que perdí a mi hija, entiendo el dolor que tu sentías cada vez que temías perderme”.

Ninguna preocupación es paranoia cuando se trata del temor a perder un hijo.

Cata.